NO DEJEMOS QUE SE PASE EL TREN

miércoles, 10 de junio de 2026 a las 07:00 AM Columnas

Todo el esfuerzo institucional, técnico y financiero para estructurar el Tren Regional del Caribe podría quedar en la nada si el proyecto no pasa a su siguiente fase. Esta apuesta estratégica, pensada para transformar la movilidad e integrar el territorio, enfrenta hoy un freno peligroso: las promesas del Gobierno Nacional que, hasta la fecha, no han pasado de las palabras a los hechos.

El supuesto respaldo del Gobierno Nacional al Tren del Caribe no ha sido más que una ilusión. El primer cable a tierra llegó al ver que el proyecto ni siquiera figuraba en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026. Si quedaba alguna duda de que la región no es prioritaria en la agenda central, el borrador del nuevo CONPES de Política Ferroviaria terminó de confirmarlo: hay una bolsa de $21 billones para revivir los trenes en Colombia, pero ninguno de esos rieles parece conducir al norte.

Mientras proyectos como la APP La Dorada–Chiriguaná, el Regiotram del Norte y los corredores Yumbo–Caimalito y Bogotá–Belencito avanzan a toda máquina con recursos y respaldo amarrados, el Tren del Caribe sigue en la cola de espera. Es un contraste doloroso: el resto del país acelera hacia la modernización ferroviaria mientras la Costa, que tiene el proyecto listo para integrar a sus principales ciudades, sigue mendigando el aval político y financiero del Gobierno central.

La histórica alianza entre Atlántico, Bolívar y Magdalena para sacar adelante una visión común de desarrollo está hoy en una encrucijada definitiva. El Tren Regional del Caribe, pensado como el primer gran motor de integración, conectividad y economía para el norte del país, corre el riesgo de terminar engavetado. El proyecto tiene el respaldo local, pero la total incertidumbre sobre sus fuentes de financiación lo mantiene en la cuerda floja.

Para evitar que este sueño se diluya, el paso urgente es saltar a la etapa de factibilidad. Hay que blindar el proyecto en lo técnico, lo ambiental y lo jurídico para poder exigir, con papeles en mano, un esquema de cofinanciación sólido entre la Nación y las gobernaciones. De lo contrario, la Costa dejará pasar un tren histórico: el de un corredor de desarrollo capaz de transformar nuestra economía e integrar el territorio de manera definitiva.

Un proyecto ferroviario de esta magnitud no se construye con buenas intenciones ni se queda solo en el papel de los estudios; requiere un verdadero engranaje político y financiero que mire hacia el futuro del Caribe. El camino que le queda por delante al Tren Regional es largo y espinoso. Si las gobernaciones, el Gobierno Nacional y los empresarios no coordinan esfuerzos para destrabar los líos técnicos, ambientales y presupuestales que hoy persisten, el tren nunca pasará de ser un buen deseo.

El Caribe no pide un favor; le exige al Gobierno actual y a quien gane la próxima carrera por la Presidencia que dejen de ver este proyecto como un dibujo en un plano y lo asuman como la prioridad que es. El Tren Regional del Caribe no es un capricho ni un gasto; es una inversión estructural para conectar el territorio, dinamizar la economía y saldar una deuda histórica con una región que necesita ser competitiva. Es hora de pasar de las promesas a la voluntad política real.