ALERTA ROJA EN SEGURIDAD VIAL

miércoles, 01 de abril de 2026 a las 07:00 AM Columnas

Con el inicio de la Semana Santa, también llega el miedo de siempre: que las carreteras se vuelvan a llenar de tragedias. Esta temporada pone sobre la mesa, una vez más, el debate sobre las deficiencias en las políticas de seguridad vial en Colombia. Es que reducir la accidentalidad en Colombia no puede ser solo un eslogan de temporada; debe ser un compromiso real y urgente. Si no logramos que cuidar la vida en las carreteras sea una prioridad nacional articulada entre autoridades y ciudadanos, vamos a seguir lamentando tragedias que son evitables.

Las carreteras en Colombia se han convertido en un cementerio y las cifras no mienten. Llevamos cuatro años seguidos superando la barrera de las 8.000 muertes anuales, cerrando el último registro con un saldo doloroso de 8.697 fallecidos. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), estamos perdiendo a 21 personas cada día por siniestros que podrían evitarse. Y el panorama para este 2026 no pinta mejor: solo en enero ya enterramos a 661 personas, un 3,4% más que el año pasado.

Lo que está pasando en las vías de Barranquilla y el resto del Atlántico es una tragedia que no da tregua. El departamento cerró con un aumento del 17 % en muertes viales, pasando de 277 a 324 víctimas, pero la cifra que de verdad asusta es la de la capital, donde los accidentes fatales crecieron más del doble. Lejos de frenar, este 2026 arrancó en rojo: Medicina Legal reportó que en enero los accidentes viales en Barranquilla dejaron 20 muertos más que en 2025, y el departamento acumula 54 fallecidos adicionales. Las medidas implementadas claramente no están funcionando.

Los motociclistas se han convertido en la cara más amarga de la accidentalidad en el departamento. Cerca del 50 % de las muertes en el Atlántico y el 43 % en Barranquilla corresponden a este grupo, lo que confirma su vulnerabilidad en las vías. El problema es profundo: en el 70 % de los choques aparece una moto involucrada. Detrás de esto hay una mezcla peligrosa entre la falta de pericia de conductores que consiguen el pase sin mayor rigor, el descuido al no usar elementos de protección y la incapacidad de varios municipios que, por falta de recursos, han dejado la seguridad vial a la deriva.

Frenar esta tragedia en las vías requiere algo más que buenas intenciones; exige mano dura y coordinación real. La educación vial y las carreteras en buen estado son urgentes, pero nada servirá si no hay autoridad que haga cumplir las normas sin excepciones. El reto de bajar la siniestralidad en Colombia y en el Atlántico es una deuda pendiente que no da más espera. Es hora de que la seguridad vial sea una prioridad de presupuesto y de control, no solo un discurso de temporada.

Cumplir las normas de tránsito no es solo evitar una multa, es un acto de respeto por la vida. En esta semana de oración y descanso, los invito a que la reflexión no se quede solo en el templo, sino que nos acompañe en las vías. Manejar con prudencia y cuidar al que va en la carretera es la mejor manera de honrar nuestras creencias y a nuestras familias. Pongamos de nuestra parte para que este año las noticias sean de reencuentros y no de tragedias. La seguridad vial es una tarea de todos.