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¿Será Chávez el sepulturero de la unidad bolivariana? PDF Imprimir E-mail
Sábado, 08 de Agosto de 2009 19:00

"Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad," decía el Libertador Simón Bolívar. Hoy, a las puertas de conmemorar el Bicentenario de nuestro grito de independencia del yugo español, contemplamos atónitos el resquebrajamiento de esa unidad.

Con la hermana República de Venezuela, Ecuador, Perú, y Bolivia es más lo que nos une que lo que nos separa. Desafortunadamente en la última década se han acentuado diferencias ideológicas que han sembrado una corona de espinas en las relaciones con tres de nuestros más entrañables vecinos.

Con el liderazgo del Presidente de Venezuela, Coronel Hugo Chávez Frías, sus homólogos de Bolivia y Ecuador, Evo Morales y Rafael Correa respectivamente, han armado un triunvirato disociador y perturbador que en últimas afecta a la población de cada una de las naciones en conflicto por la enemistad que provoca y por los perjuicios económicos que se derivan de un comercio restringido o paralizado por voluntad política.

Una de las piedras en el zapato corre por cuenta de la confirmación de un convenio de cooperación con los Estados Unidos, que permitiría la utilización de siete bases colombianas para operaciones militares del coloso del norte. Muchas son las voces que llaman la atención al respecto y todas son cuidadosas e importantes en la medida en que alertan sobre posibles excesos a futuro y eventuales violaciones a la soberanía doméstica por la presunta inmunidad con la que trabajaría el personal extranjera.

Todo es digno de tener en cuenta, analizar y debatir, que es lo que debe hacer el Congreso de Colombia tan pronto el Gobierno del Presidente Uribe cumpla su obligación constitucional de informar en detalle a la corporación política sobre los alcances del polémico convenio.

Otro escollo para el fortalecimiento de las relaciones con los vecinos está dado por las denuncias colombianas en relación con el hallazgo de armas compradas por Venezuela, que habrían tenido como destino final a la guerrilla de las Farc, así como por la injerencia de este grupo subversivo en las elecciones ecuatorianas.

Me parece saludable el debate sobre la presencia militar norteamericana en el continente, lo que no es sano es que haya intromisión en los asuntos internos de cada Nación y su derecho a decidir sobre una relación bilateral que busca cerrarle el paso y acabar un delito como el narcotráfico que además financia el terrorismo en nuestro medio. Esa sería la real intención de la nueva fase de la cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos. Habrá que ejercer especial veeduría sobre ese acuerdo para que no afecte a los vecinos y se despejen los persistentes rumores sobre espionaje e intervenciones en países secularmente amigos.

En medio de todo, lo que me parece desproporcionado es la andanada de insultos a nuestro Presidente Álvaro Uribe Vélez de parte de los Presidentes de Ecuador y Venezuela. En este sentido hay que ser categóricos en el rechazo a esos ataques, porque son una ofensa la nación colombiana.

No hay diplomacia ni tacto político en lo que dicen o hacen Chávez y Correa. Lo más reciente del Presidente venezolano al anuncia expropiaciones de empresas colombianas, anular la compra de diez mil vehículos producidos en el país y suspender las importaciones de productos básicos, es una estocada mortal a las relaciones. Como lo ha sido la gestión de Ecuador para bloquear el comercio con nosotros. Al final quien pierde es el pueblo porque se queda sin un abastecimiento vital y la economía pierde parte de su vitalidad para la generación de empleo, divisas e ingresos fiscales.

Creemos que todos los gobiernos están en su derecho y obligación de defender y legitimar su credo político, pero también hay necesidad de salvaguardar el espíritu patriótico, la diplomacia internacional, el respeto a la legislación internacional y al fuero interno de los vecinos, sin provocaciones ni ofensas.

Es por eso que hacemos un llamado a nuestros gobiernos para que cesen las hostilidades, para que se restablezca el estado de derecho, para que en sana armonía depongamos nuestras diferencias y podamos avanzar en un terreno expedito para el desarrollo socioeconómico. Ojalá Chávez no se convierta en el sepulturero de la anhelada unidad bolivariana que llevaba el Libertador en su mente y en su corazón. Y ojalá sus amigos no lo acompañen en ese entierro. Para bien de todo el conglomerado andino – bolivariano.


 

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