José David Name
06.05.2013

Superpuerto requiere supercuidados en la nueva superBarranquilla

Produce inmensa satisfacción y profunda alegría que nuestra amada Barranquilla se sitúe como una de las 10 ciudades del futuro, que se mantenga como una de las urbes con menor índice de desempleo y que atraiga a los inversionistas de la manera que se aprecia actualmente.
 
Tenemos que robustecer lo que se ha recuperado desde la gestión pública y colaboración privada, pero también tenemos que construir una agenda intensiva en la superación de los problemas que todavía padecemos hoy.
 
Por ejemplo, en materia de salud tenemos avances pero subsisten evidentes debilidades en la red, particularmente lo relacionado con el Sisben y la atención de especialistas. La situación de seguridad no es la mejor, como tampoco lo que ocurre en materia de movilidad, agravado con la crisis de Transmetro. La vulnerabilidad institucional en la Cámara de Comercio a raíz de la crisis directiva, no deja muy bien parado al sector privado.
 
El empleo, desde las cifras del Dane, halaga pero la pobreza se nos muestra en sectores secularmente marginados y sometidos al abandono estatal porque son asentamientos afrocolombianos y de familias desplazadas por la violencia en otras zonas de la Costa Caribe y el país. Que llegaron y no piensan en devolverse jamás. El plan de acción contra la pobreza barranquillera es urgente.
 
En un contexto de aspectos que parecen más positivos que negativos, nos encontramos con la reactivación del denominado Superpuerto, un proyecto que ya cumple 21 años de haber sido identificado a orillas del Mar Caribe, cerca a la desembocadura del Río Magdalena en Bocas de Ceniza.
 
Se anuncia para enero de 2014 el comienzo de la construcción del Superpuerto, con una inversión del orden de los 600 millones de dólares, una cifra próxima a lo que cuesta recuperar el Río Magdalena entre Puerto Salgar – La Dorada y Barranquilla. De acuerdo con las informaciones que han sido publicadas, tanto la concesión como la licencia ambiental y los permisos de operación están sin ningún tipo de inconvenientes, razón por la cual los inversionistas se concentran en el estudio de suelos, ingeniería y diseño.
 
La construcción de la primera etapa tomaría tres años y medio, para entrar en operación a mediados de 2017, quedando totalmente concluido hacia el año 2030. El actual plan maestro portuario de Barranquilla lo incorpora en un proceso de tres etapas en una concesión que abarca 900 hectáreas, posibilitándose la asociación con algunas concesiones de los alrededores para completar las 1.250 hectáreas. Dos empresas europeas y una de Asia estarían interesadas en invertir en la Sociedad Portuaria Bocas de Ceniza para jalonar la obra que se convertiría en la infraestructura de puertos más importante del Caribe colombiano.
 
El Superpuerto tendría una canal de acceso de 700 metros y un calado de 22 metros para la llegada de buques de 65 pies. Si tenemos en cuenta que un gran buque puede transportar hasta 14 mil contenedores, en la zona tendríamos hasta 14 mil camiones por cada buque para movilizar esa carga y la infraestructura vial tiene que ser excelente. En este sentido la Circunvalar de la Prosperidad será vital. El Superpuerto en su etapa inicial recibiría 44 millones de toneladas de carga, que incrementarían paulatinamente hasta completar 79 millones.
 
La recuperación del Rio es fundamental para el Superpuerto por los ahorros en el transporte de carga desde Puerto Salgar o Barrancabermeja. Se reducirían casi a la mitad en comparación con el modo carretero.
El proyecto merece el apoyo del Gobierno Nacional y de los inversionistas privados, será estudiado próximamente por el Consejo Nacional de Política Económica y Social, Conpes, y promete devolverle a Barranquilla su condición de Puerta de Oro del comercio exterior del país.
 
En estos momentos me preocupa que se hable muy poco del compromiso ambiental alrededor del proyecto y de los planes para proteger la zona en que estará ubicado, al igual que su impacto en la comunidad. Del mismo modo debería hablarse con mayor claridad sobre lo que significará el Superpuerto en materia de exportaciones carboníferas y de la seguridad que requiere esa operación para no convertirla en un superproblema ambiental.
 
Nadie de manera sensata puede negar las opciones y los riesgos que implica el aceleramiento del desarrollo económico, pero no por ello se deben desconocer las variables sociales y ambientales de la mayor importancia. Esa es la alerta con el Superpuerto, un proyecto que merece un supercuidado para no terminar desbaratando los sueños de los construcción de una nueva superBarranquilla. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a jname@josename.com
 
Publicado en La Libertad el 6 de mayo de 2013 

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